martes, 27 de marzo de 2012


Última 
Función de Gala

GRAN HOTEL CIUDAD DE MÉXICO
Martes 27 de marzo, 20:30 horas




Invita Festival Hablapalabra-AMENA AC
y Cuenteros y Cuentistas AC
Función de cuentos dedicada a los hechiceros de la palabra, encantadores de serpientes, brujos, chamanes que contribuyen a convertir la palabra en leyenda. Relatos de autor y de tradición
oral.
Haydée, La Señora de los Cuentos es una reconocida artista de la oralidad cubana… promotora, cuentera de nacimiento, activista, pionera del trabajo literario infantil en comunidades de La Habana, Cuba. Miembro de los comités clandestinos de lucha contra Fulgencio Batista. Delegada en los años 60’s a la Conferencia Nacional Femenina por la superación de la mujer, así como sistente al Primer Congreso de Escritores y Artistas Cubanos. Década en la que se le nombra orientadora en la narración oral
escénica desde el Ministerio de Cultura. Asesora de programación infantil de Radio Rebelde y Radio Progreso, estación donde crea La hora del cuento. En 1980 recibe un premio de manos de Nicolás Guillén por su contribución a la literatura y cultura cubana.Desde entonces y a la fecha ha recibido un sinfín de homenajes y premios en Cuba, España, México, Venezuela y Colombia.
¡NO SE LO PIERDAN!

martes, 20 de marzo de 2012


AMOROSAS REACCIONES



DE NUESTROS AMIGOS,



CÓMPLICES,



TERTULIANOS



G R A C I A S






Querida Florina
Queridos compañeros de la organización de Cuenteros y Cuentistas

Para mí ha sido un gran gusto colaborar y participar con ustedes. Flrona eres una promotor cultural extraordinaria y me congratulo que hayas confiado en mi para acompañarte en este proyecto.

Estoy segura que cualquier cosa que emprendan saldrá igual de bien y saben que pueden contar conmigo.

Un abrazo fraterno deseando que el cierre de este ciclo sea el inicio de uno nuevo igualmente estimulante.

Una disculpa por no poder acompañarlos al cierre, estoy en estos momentos participando en el Festival Internacional de las Artes en Costa Rica pero como dicen por acá en una pequeña frase llena de sabiduría "PURA VIDA"

Abrazos
Marcela Romero


*

Asunto: CUANDO ALGO SE CIERRA...SE HACE ESPACIO PARA QUELO NUEVO VENGA‏
QUERIDO EQUIPO DE CUENTEROS Y CUENTISTAS
...desde costa rica....les mando un fuerte abrazo
con mismejores dedeseos para los nuevos proyectos
que se avecinan.....
y agradeciendo los felices momentos
de crecimiento y transformacion
que me proporcionaron ustedes
al incluirme en el proyecto de cuenteros y cuentistas en el
gran hotel de la ciudad de mexico ...!!!!

Moisés Mendelewicz


*

Querida Florina y maravilloso equipo que te acompaña,

Gracias por ser una excelente difusora de la cuentería sobre todo por darle el lugar relevante del arduo trabajo que se ha hecho de este oficio durante más de 25 años. Es fácil decirlo pero ha sido largo tiempo de picar piedra. Tu nos cobijaste en un lindo digno lugar. Diste cabida a sin fin de expresiones escénicas, GRACIAS de nuevo.

Sé que dónde quiera que abras espacio a la cuentería será un buen sitio, ya que tu y tu invaluable equipo lo estará cobijando. Para mi ha sido maravilloso participar con ustedes, deseo poder seguir haciéndolo. Cuenten conmigo de forma incondicional.

Lamento no poder acompañar a mi estimado Apolonio, voy llegando de Durango y parto a San Luis en el Festival de HablaPalabra Guachichila, en donde tendré la oportunidad de disfrutar tu participaciones y compañía.

Abrazos, besos y muchas porras para mis queridas Cuenterasycuentistas!!!!


Rosalinda Saenz



*
Queridas Florina y Abril:

Acabo de entrar a su blog y estoy viendo que ya es la despedida... No me esperaba para nada esta noticia, por mas que sabía que tenían problemas y que las cosas no habían fluido de la mejor manera con el hotel. ¿Qué pasó?

Sé que ahora su energía se va de lleno a planear el festival y eso me parece muy bien. Pero, ¿tienen planeado abrir otro espacio permanente? Pues es una pena que se tengan que cerrar estos espacios que son tan necesarios para los cuentos y los cuenteros. En verdad, me da muchísima tristeza pues sé las ganas que le echaron al proyecto y las ganas que tenían de que triunfara un espacio así, lindo y digno, para los cuentos.

Ojalá encuentren otro lugar para seguir con el proyecto de cuenteros y cuentistas...

Y, por el lado más práctico del asunto. Mis alumnos tenían programada la función para el jueves 29 de marzo, que sería el último día. ¿Tienen planeado hacer algo especial ese día de cierre o se mantiene la función de mis alumnos? Avisenme porfavor pues justo estaba ahorita escribiéndoles un correo para recordarles y programar un ensayo.

Les mando un abrazo fuerte y espero su respuesta,

Jennifer

*
Mi querida Flor:
Que te puedo decir, se me cortan las palabras, se que ese espacio fue una punta de lanza para varios de nosotros, como también se que causo unos dolorcitos de cabeza.
Sabes que te apoyo en lo que se te ofrezca con miras en nuestra amistad y trabajo, recuerda que mi hombro esta a tus servicios.
Arriba ánimos para todo lo nuevo y bueno que llegue, se que tu eres capaz de lo mejor, así que señora promotora cultural cabeza en alto y con todas las ganas del mundo.
Abrazos



Rocio

*

Queridísima Flor
Mil felicidades por el nuevo proyecto que emprendes, que sea todo un éxito.
Agradezco a la vida que tuve la oportunidad de acompañarte cuando menos una vez en ese magnífico espacio que construiste en el Gran Hotel.
Mis mejores deseos


Lorna

*

Todo en la vida es movimiento y ustedes saben hacia donde dirigirse.
Reciban un fuerte abrazo y gracias por su talento y por compartirlo con nosotros y regalarnos tan bellos momentos.



Begoña Cubillo.

***



POR FACEBOOK

José Francisco Muñoz Ramírez el jueves por allá nos veremos Flor, con el gusto de siempre! :D Un abrazote!

Nena Guzman Ibañez Kerida amiga! T dseo lo mejor d lo mejor, spero vrt pronto, recibe un abrazo kostño.

Betty Chino Ojalá que Edith Diaz Gonzalez, y yo podamos compartir este espacio, un gran sitio de encuentros una vez más. Me dará mucho gusto.

Jluis V Luna mucho exito Florina, un abrazo!!!

Roberto Carlos Molina Zavaleta Hola Florina, quiza no me recuerdes, nos conocimos en un pueblito de Oaxaca cuando alternaste hace algunos años con Rodolfo Castro; te mando un abrazo y espero muy pronto tenerte con nosotros en una nueva experiencia.

Sergio C. Aguilar Garcia Mi querida amiga Flor, me encantaría llevar a mis hijos, por favor dime todo para programame y porderlos llevar, así de paso te saludo.
GrAciaS Un abrazo.

Osvaldo Manuel Perez Peñalver felicdades por ese trabajo emprendido de el cual nosotros fuimos testigos por mas de una ocasión. Felicidades y estamos confiados que los proyectos saldrán con el mismo amor y la misma pasión.

Daniel Alberto Hernández Acosta Muchas felicidades a Cuenteros y Cuentistas, gracias a Dios pudimos estar en tres espacios diferentes en el Gran Hotel y somos testigos de lo grandiosa de las presentaciones, del maravilloso público, sin duda fueron tres años de un excelente trabajo, felicidades y muchos éxitos en el festival que ya está a las puertas.

Octavio Flores felicidades y mucho exiti para los nuevos proyectos... espero poder asistir a una de esas veladas besos.





Adiós al Gran Hotel




DESPEDIDA
DEL GRAN HOTEL

Queridas amigas, estimados amigos...

Seguramente ya les llegó nuestra invitación a la función del gran cuentero Apolonio Mondragón y de la presentación del libro del querido, Cuauhtémoc Rivera... Y las funciones de la próxima semana... Nos encantará verles como público en éstas que son las últimas funciones en el Gran Hotel Ciudad de México... Hemos estado tres años jueves a jueves y ahora, los martes también desde febrero del año en curso...

Hacia finales de este mes de marzo estaremos compartiendo con el público de Cuenteros y cuentistas pues el último jueves del mes, concluimos con este espacio de cuentería...

Gracias a todos los cuenteros que pasaron por aquí como artistas de la escena, como público... Gracias a los amigos y amigas que -en este espacio- nos conocimos al compartir la pasión por el cuento... Gracias a quienes nos vimos una vez, a los que nos vimos más de una... A los que nos echaron porras, a los que compartieron semana a semana... Gracias a las organizaciones que compartieron sus festivales en este espacio... Les disfrutamos enormemente. Gracias al equipo: Rafa, Caro, Abril, María Luisa… Gracias a todos y todas.

El equipo de Cuenteros y Cuentistas decidimos apostarle por el momento a la organización del Festival Internacional con el mismo nombre, que se llevará a cabo del 22 al 30 de abril del año en curso... Decidimos concentrar toda nuestra energía a este actividad bianual (pronto anunciaremos la cartelera en este espacio)... Ojalá nos acompañen en alguna de las funciones... Le apostamos a que este Festival sea de todos...

Por lo tanto, esperamos que nos acompañen en estas últimas funciones en este bello edificio del S. XIX... Justo nos retiramos al cumplir tres años... Buen tiempo para emprender nuevos proyectos... Ya les pondremos al tanto.

Los esperamos en calle 16 de Septiembre No. 82 Planta Baja, Centro Histórico de la Ciudad de México, en el Gran Hotel Ciudad de México, 21:00 hrs. Martes: 120 pesos de cóver (bocadillo y bebida) Jueves: consumo mínimo...

Bonita noche y ojalá nos encontremos en esta despedida...

Fraternalmente...

Florina Piña, responsable

lunes, 19 de marzo de 2012

FUNCIÓN DE GALA

El bailaviejo

Martes 20 de marzo, 21:00 hrs.

Presenta

Apolonio Mondragón

*

GRAN HOTEL CIUDAD DE MÉXICO

16 de septiembre No. 82, Planta Baja

Centro Histórico, Ciudad de México

Cover de consumo, 120 pesos

(incluye una bebida y bocadillo)

Cuenteros y Cuentistas AC, invita


CARACOLA DE VOCES
Inés Arredondo, un mundo solar
segunda y última parte
Por Hena Carolina Velázquez Vargas*

En este mes en Cuenteros y Cuentistas seguimos celebrando el talento y riqueza de nuestras creadoras, en la entrega pasada hicimos un pequeño homenaje a la grandeza de la escritora mexicana Inés Arredondo, quien nació el 20 de marzo de 1928 en Culiacán, Sinaloa, al noroccidente de México.
Fue la hija mayor de nueve hermanos y gran parte de su infancia la pasó en la hacienda azucarera de su abuelo materno cercana a Culiacán, llamada "Eldorado", una infancia elegida de sus varias infancias, esa fue su manera de buscar la verdad, decía ella, como una forma de dar trascendencia a su pasado personal y buscar en él los signos de su destino.
Acerca del trabajo de Inés Arredondo existen en la Web más de 400 mil archivos con su biografía, análisis de su obra y libros publicados, el contexto de escritores de su época, no obstante es escaso el material que se reproduce con sus comentarios.
Como lo prometí en la entrega de mi columna anterior en esta ocasión les presentó con sus propias palabras cual fue su experiencia en la escritura.
Es una síntesis de la entrevista que tuve con ella en 1988 y que fue publicada un año después en el número de septiembre de Doble Jornada, suplemento feminista del periódico La Jornada, unos días antes de su fallecimiento.
“No sé porque escribo fue un don que recibí de pronto cuando tenía 27 años. Ya era una mujer casada y con tres hijos. Un dolor me estaba consumiendo y para olvidarlo empecé a traducir del francés, de repente me di cuenta que hacía otra cosa El membrillo, mi primer cuento. Así logré salir de una depresión espantosa, después sólo quedó la tristeza.
“Al terminar un cuento siempre lo dejo dormir. Luego lo corrijo como si fuera de otra persona, me gusta que únicamente se usen las palabras justas. Dos veces intenté escribir una novela, aquello era un horror cuando volvía leerlo. La novela tiene otro ritmo y usa un número mayor de palabras, el cuento es más conciso. Me consuela pensar que lo mismo le sucedió a Julio Cortázar. Hay quienes pueden hacer las dos cosas, yo sólo escribo cuentos.
“Busco mucho la palabra. El tema depende de la rabia que me provoca la historia; es como si un perro me hubiera dado un mordisco. Logro separarme de mis personajes a base de disciplina, malgastando papel y llenando cestos de basura. Un escritor debe verse a sí mismo de una manera más profunda que a los demás, una condición sin la cual el tema no llega y se hace superficial.
“En Sombra entre sombras (Los espejos) busqué toda la aberración de que era capaz, para ver si encontraba qué era la prostitución. Llevo 30 años en esta búsqueda y estoy como al principio, no sé si podré encontrarla. La pureza la hallé en algunos cuentos; se da cuando un ser humano logra tomar contacto con el alma de otro y ambos hablan el mismo idioma. Tal es el caso del amor, pero en un terreno distinto. Creo que un amor resiste siempre los avatares, si se asume místicamente.
“Las historias que relato no tienen que ver con mi vida. En La señal sólo dos cuentos se relacionan con una problemática personal. Ahora, con mi edad, las cosas empiezan a ser diferentes. Todos los días recuerdo a los amigos muertos que ya son muchos. Sin embargo, tengo ganas de seguir escribiendo; me sobra tiempo y es mi principal aliciente, pero me faltan historias. A veces necesito una frase, nada más, que luego puedo reinventar.
“La provincia es el fondo donde coloco mis preocupaciones y preguntas, la conozco más que a la ciudad de México, aún cuando llevo aquí 45 años. Siento una debilidad por los pueblos de mi tierra, ahí la gente está más viva y sus historias las conocen todos. La capital es muy fría, todo son distancias, nos reunimos sólo para asistir a eventos especiales. Son seres heroicos los que visitan a otra persona con el único objetivo de verla.
“Si existe alguna influencia de otras corrientes literarias en mi obra, lo definirán los críticos cuando yo muera. Morirse tiene la ventaja de llamar la atención; en ese momento, surgen ideas para hablar del autor, algo lamentable. Mis 60 años han sido muy celebrados, no puedo quejarme, sobre todo por escritores jóvenes. Me siento satisfecha, sé que gracias a ellos no moriré del todo”.
Su nombre completo fue Inés Camelo Arredondo, murió en la ciudad de México el 2 de noviembre de 1989. Sus libros de cuentos son: La señal, 1965; Río subterráneo, 1979 (Premio Villaurrutia), y Los espejos, 1988.


*Integrante del equipo de Cuenteros y Cuentistas. Becaria del FONCA 2012. Periodista, terapeuta Gestalt especializada en trabajo corporal y narradora oral.
** Te recomendamos algunos de los trabajos publicados acerca de la obra de Inés Arredondo:
Inés Arredondo, el arte de saber decir (www.destiempos.com/n19/albarran.pdf)
La generación de Inés Arredondo (www.uam.mx/difusion/revista/septiembre98/albarran.html)
Obras completas (books.google.com.mx/books/about/Obras_completas.html?id..)

lunes, 12 de marzo de 2012

Festival Hablapalabra AMENA AC
Poker de reinas
Martes 13 de marzo, 21:00 hrs

Presenta
Janet Pankowsky
Jennifer Boni
Mercedes Hernández
Marcela Romero
*
GRAN HOTEL CIUDAD DE MÉXICO
16 de septiembre No. 82, Planta Baja
Centro Histórico, Ciudad de México
Cover de consumo, 120 pesos
(incluye una bebida y bocadillo)

Cuenteros y Cuentistas AC, invita

miércoles, 7 de marzo de 2012

CARACOLA DE VOCES
Inés Arredondo, un mundo solar
Primera de dos partes
Por Hena Carolina Velázquez Vargas*

Honor a quien honor merece y en marzo, mes dedicado al talento y riqueza aportado por las mujeres al mundo, bien vale la pena recordar a una de nuestras mayores escritoras de cuentos, Inés Arredondo, oriunda de Culiacán, Sinaloa, en el noroccidente de México.

Con motivo de la publicación de su tercer y último libro Los espejos, en 1988 Inés Arredondo recibió un merecido homenaje en el Festival Cultural de su natal Sinaloa y la editorial Siglo XXI editó un volumen con su obra completa.

Su obra literaria está dedicada casi en exclusivo a los cuentos, no escribió novela, y coincido con el comentario de algunos analistas que señalan que quien se acerque a conocerla encontrará en sus relatos una descripción profunda y sencilla de los más encontrados sentimientos humanos.

Como parte de mi trabajo periodístico en Activa, una revista de las llamadas “femeninas” que durante varias décadas publicó información dedicada a mujeres ejecutivas principalmente, un año antes de su muerte, acaecida en noviembre de 1989, tuve un encuentro con ella en su casa, un departamento de la calle de Atlixco, en la colonia Condesa, en el Defe.

Sin conocerla, con algunos datos y con el empeño de cumplir mi orden de trabajo intenté hacerle una entrevista, con preguntas tan generales que sólo sirvieron para mostrar ante Inés Arredondo mi ignorancia y completa ingenuidad.

Su respuesta fue generosa. Primero leyó el cuestionario, luego se enojo y me regañó, al final me regaló una larga conversación, que hoy agradezco enormemente. Hizo comentarios de su vida, acerca de su estado de salud --que se había mermado en los últimos años-- y de las pocas visitas que recibía. Al despedirnos me invitó a seguirla visitando.

- Venga a verme, cuando quiera, para conversar.

No regresé, sólo volví a verla cuando presentó su libro el director de teatro y dramaturgo mexicano Juan José Gurrola en una pequeña cafetería de la Plaza de Río de Janeiro, en la colonia Roma. ¿Y la entrevista? No pudo publicarse en Activa, hubo cambio de dirección y toda la redacción salimos de la empresa.

Un año después cuando formé parte del equipo de reporteras del suplemento feminista mensual Doble Jornada, del periódico La Jornada, el material se publicó en el número de septiembre. Le llamé a Inés Arredondo para avisarle y más tarde para conocer su opinión del material publicado. Nuevamente su respuesta fue generosa.
- Me gusto, no me enojé. Venga a verme, cuando quiera, para conversar.

No me di un espacio para visitarla. Ese fue mi cuarto y último contacto con ella. Unas semanas después, el 2 de noviembre, me enteré de su fallecimiento. La información salió apenas a tiempo para que Inés Arredondo la conociera y yo me quedara tranquila de haber cumplido, al menos, con publicarla en un buen espacio a plana tabloide completa.

Tomando el comentario del escritor, ensayista y crítico literario Juan García Ponce que iniciaba el texto, el artículo llevaba por título Mundo de color, de mar, esencialmente solar. Inés Arredondo, escritora.
Y es que el mundo que escribió Inés Arredondo era para García Ponce, “… esencialmente solar, dueño de una luz cuyo reflejo intensifica todas las acciones. Es un mundo de huertas umbrosas que terminan en un río de color, de un mar con agua y de arena sobre la que brilla, deslumbrante, el sol. Los personajes se proyectan contra él, en él, y la luz preside todo, encima de ellos”.

¿Qué motivó a la autora para escribir de esa manera? Sus palabras, que aparecieron en el suplemento Doble Jornada, estarán en la siguiente entrega de esta columna.

*Integrante del equipo de Cuenteros y Cuentistas. Becaria del FONCA 2012. Periodista, terapeuta Gestalt especializada en trabajo corporal y narradora oral.


*

Son tres los libros de cuentos publicados por Inés Arredondo: La señal (1965), Río subterráneo (1979) ganador del Premio Villaurrutia y Los espejos (1988).
En la Antología de la narrativa mexicana del siglo XX, Volumen 2, escrito por Christopher Domínguez, aparece de las páginas 187 a la 197 uno de sus relatos más memorables La sumamita (http://books.google.com.mx) el cual forma parte de su primer libro La señal.


LA SUNAMITA
Y buscaron una moza hermosa por todo el término de Israel, y hallaron a Abisag Sunamita, y trajéron la al rey.
Y la moza era hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía: mas el rey nunca la conoció.
Reyes I, 3-4

Aquél fue un verano abrasador. El último de mi juventud.
Tensa concentrada en el desafío que precede a la combustión, la ciudad ardía en una sola llama reseca y deslumbrante. En el centro de la llama estaba yo, vestida de negro, orgullosa, alimentando el fuego con mis cabellos rubios, sola. Las miradas de los hombres resbalaban por mi cuerpo sin mancharlo y mi altivo recato obligaba al saludo deferente. Estaba segura de tener el poder de domeñar las pasiones, de purificarlo todo en el aire encendido que me cercaba y no me consumía.
Nada cambió cuando recibí el telegrama; la tristeza que me trajo no afectaba en absoluto la manera de sentirme en el mundo: mi tío Apolonio se moría a los setenta y tantos años de edad; quería verme por última vez puesto que yo había vivido en su casa como una hija durante mucho tiempo, y yo sentía un sincero dolor ante aquella muerte inevitable. Todo eso era perfectamente normal, y ningún estremecimiento, ningún augurio me hizo sospechar nada. Hice los rápidos preparativos para el viaje en aquel mismo centro intocable en que me envolvía el verano estático.
Llegué al pueblo a la hora de la siesta.
Caminando por las calles solitarias con mi pequeño veliz en la mano, fui cayendo en el entresueño privado de la realidad y de tiempo que da el calor excesivo. No, no recordaba, vivía a medias, como entonces. “Mira, Licha, están floreciendo las amapas.” La voz clara, casi infantil. “Para el dieciséis quiero que te hagas un vestido como el de Margarita Ibarra.” La oía, la sentía caminar a mi lado, un poco encorvada, ligera a pesar de su gordura, alegre y vieja; yo seguía adelante con los ojos entrecerrados, atesorando mi vaga, tierna angustia, dulcemente sometida a la compañía de mi tía Panchita, la hermana de mi madre. –“Bueno, hija, si Pepe no te gusta… pero no es un mal muchacho.” –Sí, había dicho eso justamente aquí, frente a la ventana de la Tichi Valenzuela, con aquel gozo suyo, inocente y maligno. Caminé un poco más, nublados ya los ladrillos de la acera, y cuando las campanadas resonaron pesadas y reales, dando por terminada la siesta y llamando al rosario, abrí los ojos y miré verdaderamente el pueblo: era otro, las amapas no habían florecido y yo estaba llorando, con mi vestido de luto, delante de la casa de mi tío.
El zagúan se encontraba abierto, como siempre, y en el fondo del patio estaba la bugambilia. Como siempre. Pero no igual. Me sequé las lágrimas y no sentí que llegaba, sino que me despedía. Las cosas aparecían inmóviles, como en el recuerdo, y el calor y el silencio lo marchitaban todo. Mis pasos resonaron desconocidos, y María salió a mi encuentro.
- ¿Por qué no avisaste? Hubiéramos mandado…
Fuimos directamente a la habitación del enfermo. Al entrar casi sentí frío. El silencio y la penumbra precedían a la muerte…
- Luisa, ¿eres tú?
Aquella voz cariñosa se iba haciendo queda y pronto enmudecería del todo.
- Aquí estoy, tío.
- Bendito sea Dios, ya no me moriré solo.
- No diga eso, pronto se va aliviar.
Sonrío tristemente; sabía que le estaba mintiendo, pero no quería hacerme llorar.
- Sí, hija, sí. Ahora descansa, toma posesión de la casa y luego ven a acompañarme. Voy a tratar de dormir un poco.
Más pequeño que antes, enjuto, sin dientes, perdido en la cama enorme y sobrenadando sin sentido en lo poco que le quedaba de vida, atormentaba como algo superfluo, fuera de lugar, igual que tantos moribundos. Esto se hacía evidente al salir al corredor caldeado y respirar hondamente, por instinto, la luz y el aire.
Comencé a cuidarlo y a sentirme contenta de hacerlo. La casa era mi casa y muchas mañanas al arreglarla tarareaba olvidadas canciones. La calma que me rodeaba venía tal vez de que mi tío ya no esperaba la muerte como una cosa inminente y terrible, sino que se abandonaba a los días, a un futuro más o menos corto o largo, con una dulzura inconsciente de niño. Repasaba con gusto su vida y se complacía en la ilusión de dejar en mí sus imágenes, como hacen los abuelos con sus nietos.
- Tráeme el cofrecito ese que hay en el ropero grande. Sí, ése. La llave está debajo de la
carpeta, junto a San Antonio, tráela también.
Y revivían sus ojos hundidos a la vista de sus tesoros.
- Mira, este collar se lo regalé a tu tía cuando cumplimos diez años de casados, lo compré
en Mazatlán a un joyero polaco que me contó no sé qué cuentos de princesas austriacas y me lo vendió bien caro. Lo traje escondido en la funda de mi pistola y no dormí un minuto en la diligencia por miedo a que me lo robaran….
La luz del sol poniente hizo centellar las piedras jóvenes y vivas en sus manos esclerosadas.
- … ese anillo de montura tan antigua era de mi madre, fíjate bien en la miniatura que hay
en la sala y verás que lo tiene puesto. La prima Begoña murmuraba a sus espaldas que un novio…
Volvían a hablar, a respirar aquellas señoras de los retratos a quienes él había visto, tocado. Yo
las imaginaba, y me parecía entender el sentido de las alhajas de familia.
- ¿Te he contado de cuando fuimos a Europa en 1908, antes de la Revolución? Había que ir
en barco a Colima… y en Venecia tu tía Panchita se encaprichó con estos aretes. Eran demasiado caros y se lo dije: “Son para una reina”… Al día siguiente se los compré. Tú no te lo puedes imaginar porque cuando naciste ya hacía mucho de esto, pero entonces, en 1908, cuando estuvimos en Venecia, tu tía era tan joven, tan…
- Tío, se fatiga demasiado, descanse.
- Tienes razón, estoy cansado. Déjame solo un rato y llévate el cofre a tu cuarto, es tuyo.
- Pero tío…
- Todo es tuyo ¡y se acabó!... Regalo lo que me da la gana.
Su voz se quebró en un sollozo terrible: la ilusión se desvanecía, y se encontraba de nuevo a
punto de morir, en el momento de despedirse de sus cosas más queridas. Se dio vuelta en la cama y me dejó con la caja en las manos sin saber qué hacer.
Otras veces me hablaba del “año del hambre”, del “año del maíz amarillo”, de la peste, y me
contaba historias muy antiguas de asesinos y aparecidos. Alguna vez hasta canturreó un corrido de su juventud que se hizo pedazos en su voz cascada. Pero me iba heredando su vida, estaba contento.
El médico decía que sí, que veía una mejoría, pero que no había que hacerse ilusiones, no
tenía remedio, todo era cuestión de días más o menos.
Una tarde oscurecida por nubarrones amenazantes, cuando estaba recogiendo la ropa tendida en el patio, oí el grito de María. Me quedé quieta, escuchando aquel grito como un trueno, el primero de la tormenta. Después el silencio, y yo sola en el patio, inmóvil. Una abeja pasó zumbando y la lluvia no se desencadenó. Nadie sabe como yo lo terribles que son los presagios que se quedan suspensos sobre una cabeza vuelta al cielo.
- Lichita, ¡se muere!, ¡está boqueando!
- Vete a buscar al médico…. ¡No! Iré yo… llama a doña Clara para que te acompañe mientras vuelvo.
- Y el padre… Tráete al padre.
Salí corriendo, huyendo de aquel momento insoportable, de aquella inminencia sorda y
asfixiante. Fui, vine, regresé a la casa, serví café, recibí a los parientes que empezaron a llegar ya medio vestidos de luto, encargué velas, pedí reliquias, continué huyendo enloquecida para no cumplir con el único deber que en ese momento tenía: estar junto a mi tío. Interrogué al médico: le había puesto una inyección por no dejar, todo era inútil ya. Vi llegar al señor cura con el Viático, pero ni entonces tuve fuerzas para entrar. Sabía que después tendría remordimientos –Bendito sea Dios, ya no me moriré solo- pero no podía. Me tapé la cara con las manos y empecé a rezar.
- Te llama. Entra.
No sé como llegué hasta el umbral. Era ya de noche y la habitación iluminada por una lámpara
veladora parecía enorme. Los muebles, agigantados, sombríos, y un aire extraño estancado en torno a la cama. La piel se me erizó, por los poros respiraba el horror a todo aquello, a la muerte.
- Acércate –dijo el sacerdote.
Obedecí yendo hasta los pies de la cama, sin atreverme a mirar ni las sábanas.
- Es la voluntad de tu tío, si no tienes algo que oponer, casarse contigo in articulo mortis,
con la intención de que heredes sus bienes, ¿Aceptas?
Ahogué un grito de terror. Abrí los ojos como para abarcar todo el espanto que aquel cuarto encerraba. “¿Por qué me quiere arrastrar a la tumba?”…Sentí que la muerte rozaba mi propia carne.
- Luisa…
Era don Apolonio. Tuve que mirarlo: casi no podía articular las sílabas, tenía la quijada caída y
hablaba moviéndola como un muñeco de ventrílocuo.
- … por favor.
Y calló. Extenuado.
No podía más. Salí de la habitación. Aquél no era mi tío, no se le parecía… heredarme, sí, pero
no los bienes solamente, las historias, la vida… Yo no quería nada, su vida, su muerte. No quería. Cuando abrí los ojos estaba en el patio y el cielo seguía encapotado. Respiré profundamente, dolorosamente.
- ¿Ya?... –Se acercaron a preguntarme los parientes, al verme tan descompuesta.
Yo moví la cabeza, negando. A mi espalda habló el sacerdote.
- Don Apolonio quiere casarse con ella en el último momento para heredarla.
- ¿Y tú no quieres? –preguntó ansiosamente la vieja criada-. No seas tonta, sólo tú te lo
mereces. Fuiste una hija para ellos y te has matado cuidándolo. Si no te casas, los sobrinos de México no te van a dar nada. ¡No seas tonta!
- Es una delicadeza de su parte.
- Y luego te quedas viuda y rica y tan virgen como ahora –rio nerviosamente una prima jovencilla y pizpireta.
- La fortuna es considerable, y yo, como tío lejano tuyo, te aconsejaría que…
- Pensándolo bien, el no aceptar es una falta de caridad y de humildad.
“Eso es verdad, eso sí que es verdad.” No quería darle un último gusto al viejo, un gusto que después de todo debía agradecer, porque mi cuerpo joven, del que en el fondo estaba tan satisfecha, no tuviera ninguna clase de vínculos con la muerte. Me vinieron náuseas y fue el último pensamiento claro que tuve esa noche. Desperté como de un sopor hipnótico cuando me obligaron a tomar la mano cubierta de sudor frío. Me vino otra arcada, pero dije “Sí”.
Recordaba vagamente que me habían cercado todo el tiempo, que todos hablaban a la vez, que me llevaban, me traían, me hacían firmar, y responder. La sensación que de esa noche me quedó para siempre fue la de una maléfica ronda que giraba vertigionosamente en torno mío y reía, grotesca, cantando.
yo soy la viudita que manda la ley
y yo en medio era una esclava. Sufría y no podía levantar la cara al cielo.
Cuando me di cuenta, todo había pasado, y en mi mano brillaba el anillo torzal que vi tantas veces en el anular de mi tía Panchita: no había habido tiempo para otra cosa.
Todos empezaron a irse.
- Si me necesita, llámeme. Dele mientras tanto las gotas cada seis horas.
- Que Dios te bendiga y te dé fuerzas.
- Feliz noche de bodas –susurró a mi oído con una risita mezquina la prima jovencita.
Volví junto al enfermo. “Nada ha cambiado, nada ha cambiado.” Por lo menos mi miedo no
había cambiado. Convencí a María de que se quedara conmigo a velar a don Apolonio, y sólo recobré el control de mis nervios cuando ví que amanecía. Había empezado a llover, pero sin rayos, sin tormenta, quedamente.
Continuó lloviznando todo el día, y el otro, y el otro aú. Cuatro días de agonía. No teníamos
apenas más visitas que las del médico y el señor cura; en días así nadie sale de su casa, todos se recogen y esperan a que la vida vuelva a comenzar. Son días espirituales, casi sagrados.
Si cuando menos el enfermo hubiera necesitado muchos cuidados mis horas hubieran sido
menos largas, pero lo que se podía hacer por aquel cuerpo aletargado era bien poco.
La cuarta noche María se acostó en una pieza próxima y me quedé a solas con el
moribundo. Oía la lluvia monótona y rezaba sin consciencia de lo que decía, adormilada y sin miedo, esperando. Los dedos se me fueron aquietando, poniendo morosos sobre las cuentas del rosario, y al acariciarlas sentía que por las yemas me entraba ese calor ajeno y propio que vamos dejando en las cosas y que nos es devuelto transformado: compañero, hermano que nos anticipa la dulce tibieza del otro, desconocida y sabida, nunca sentida y que habita en médula de nuestros huesos. Suavemente, con delicia, distendidos los nervios, liviana la carne, fui cayendo en el sueño.
Debo haber dormido muchas horas: era la madrugada cuando desperté; me di cuenta
porque las luces estaban apagadas y la planta eléctrica deja de funcionar a las dos de la mañana. La habitación, apenas iluminada por la lámpara de aceite que ardía sobre la cómoda a los pies de la Virgen, me recordó la noche de la boda, de mi boda… Hacía mucho tiempo de eso, una eternidad vacía.
Desde el fondo de la penumbra llegó hasta mi la respiración fatigosa y quebrada de don
Apolonio. Ahí estaba todavía, pero no él, el despojo persistente e incomprensible que se obstinaba en seguir aquí sin finalidad, sin motivo aparente alguno. La muerte da miedo, pero la vida mezclada, imbuida en la muerte, da un horror que tiene muy poco que ver con la muerte y con la vida. El silencio, la corrupción, el hedor, la deformación monstruosa, la desaparición final, eso es doloroso, pero llega a un clímax y luego va cediendo, se va diluyendo en la tierra, en el recuerdo, en la historia. Y esto no, el pacto terrible entre la vida y la muerte que se manifestaba en ese estertor inútil, podía continuar eternamente. Lo oía raspar la garganta insensible y se me ocurrió que no era aire lo que en traba en aquel cuerpo, o más bien que no era un cuerpo humano el que lo aspiraba y lo expelía; se trataba de una máquina que resoplaba y hacía pausas caprichosas por juego, parea matar el tiempo sin fin. No había allí un ser humano, alguien jugaba con aquel ronquido. Y el horror contra el que nada pude me conquistó: empecé a respirar al ritmo entrecortado de los estertores, respirar, cortar de pronto, ahogarme, respirar, ahogarme… sin poderme ya detener, hasta que me di cuenta de que me había engañado en cuanto al sentido que tenía el juego, porque lo que en realidad sentía era el sufrimiento y la asfixia de un moribundo. De todos modos, seguí, seguí, hasta que no quedó más que un solo respirar, un solo aliento inhumano, una sola agonía. Me sentí más tranquila, aterrada pero tranquila: había quitado la barrera, podía abandonarme simplemente y esperar el final común. Me pareció que con mi abandono, con mi alianza incondicional,aquello se resolvería con rapidez, no podría continuar, habría cumplido su finalidad y su búsqueda persistente en el vacío.
Ni una despedida, ni un destello de piedad hacia mí. Continué el juego mortal largamente,
desde un lugar donde el tiempo no importaba ya.
La respiración común se fue haciendo más regular, más calmada, aunque también más
débil. Me pareció regresar, pero estaba tan cansada que no podía moverme, sentía el letargo definitivamente anidado dentro de mi cuerpo. Abrí los ojos todo estaba igual.
No. Lejos, en la sombra, hay una rosa; sola, única y viva. Está ahí, recortada, nítida, con sus
pétalos carnosos y leves, resplandeciente. Es una presencia hermosa y simple. La miro y mi mano se mueve y recuerda su contacto y loa acción sencilla de ponerla en el vaso. La miré entonces, ahora la conozco. Me muevo un poco, parpadeo, y ella sigue ahí, plena, igual a sí misma.
Respiro libremente, con mi propia respiración. Rezo, recuerdo, dormito, y la rosa intacta
monta la guardia de la luz y del secreto. La muerte y la esperanza se transforman.
Pero ahora comienza a amanecer y en el cielo limpio veo, ¡al fin!, que los días de lluvia han
terminado. Me quedo largo rato contemplando por la ventana cómo cambia todo al nacer el sol. Un rayo poderoso entra y la agonía me parece una mentira; un gozo injustificado me llena los pulmones y sin querer sonrío. Me vuelvo a la rosa como a una cómplice, pero no la encuentro: el sol la ha marchitado. Volvieron los días luminosos, el calor enervante; las gentes trabajaban, cantaban, pero don Apolonio no se moría, antes bien parecía mejorar. Yo lo seguí cuidando, pero ya sin alegría, con los ojos bajos y descargando en el esmero por servirlo toda mi abnegación remordida y exacerbada: lo que deseaba, ya con toda claridad, era que aquello terminara pronto, que se muriera de una vez. El miedo, el horror que me producían su vista, su contacto, su voz, eran injustificados, porque el lazo que nos unía no era real, no podía serlo, y sin embargo yo lo sentía sobre mí como un peso, y a fuerza de bondad y de remordimientos quería desembarazarme de él.
Sí, don Apolonio mejoraba a ojos vistas. Hasta el médico estaba sorprendido, no podía
explicarlo.
Precisamente la mañana en que lo senté por primera vez recargado sobre los
almohadones sorprendí aquella mirada en los ojos de mi tío. Hacía un calor sofocante y lo había tenido que levantar casi en vilo. Cuando lo dejé acomodado me di cuenta: el viejo estaba mirando con una fijeza estrábica mi pecho jadeante, el rostro descompuesto y las manos temblonas inconscientemente tendidas hacia mí. Me retiré instintivamente, desviando la cabeza.
- Por favor, entrecierra los postigos, hace demasiado calor.
Su cuerpo casi muerto se calentaba.
- Ven aquí, Luisa. Siéntate a mi lado. Ven.
- Sí, tío –me senté encogida a los pies de la cama, sin miralo.
- No me llames tío, dime Polo, después de todo ahora somos más cercanos parientes-. Había un dejo burlón en el tono con que lo dijo.
- Sí tío.
- Polo, Polo –su voz era otra vez dulce y tersa-. Tendrás que perdonarme muchas cosas; soy
viejo y estoy enfermo, y un hombre así es como un niño.
- Sí.
- A ver, di “Sí, Polo”.
- Sí, Polo.
Aquel nombre pronunciado por mis labios me parecía una aberración, me producía una
repugnancia invencible.
Y Polo mejoró, pero se tornó irritable y quisquilloso. Yo me daba cuenta de que luchaba por
volver a ser el que había sido; pero no, el que resucitaba no era él mismo, era otro.
- Luisa, tráeme… Luisa, dame… Luisa, arréglame las almohadas… dame agua… acomódame esta pierna…
Me quería todo el día rodeándolo, alejándome, acercándome, tocándolo. Y aquella mirada fija
y aquella cara descompuesta del primer día reaparecían cada vez con mayor frecuencia, se iban superponiendo a sus facciones como una máscara.
- Recoge el libro. Se me cayó debajo de la cama, de este lado.
Me arrodillé y metí la cabeza y casi todo el torso debajo de la cama, pero tenía que alargar lo
más posible el brazo para alcanzarlo. Primero me pareció que había sido mi propio movimiento, o quizá el roce de la ropa, pero ya con el libro cogido y cuando me reacomodaba para salir, me quedé inmóvil, anonadada por aquello que había presentido, esperando: el desencadenamiento, el grito, el trueno. Una rabia nunca sentida me estremeció cuando pude creer que era verdad aquello que estaba sucediendo, y que aprovechándose de mi asombro su mano temblona se hacía más segura y más pesada y se recreaba, se aventiraba ya sin freno palpando y recorriendo mis caderas; una mano descarnada que se pegaba a mi carne y la estrujaba con deleite, una mano muerta que buscaba impaciente el hueco entre mis piernas, una mano sola, sin cuerpo.
Me levanté lo más rápidamente que pude, con la cara ardiéndome de coraje y vergüenza, pero
al enfrentarme a él me olvidé de mi y entré como un autómata en la pesadilla: se reía quedito, con su boca sin dientes. Y luego, poniéndose serio de golpe, con una frialdad que me dejó aterrada:
- ¡Qué! ¿No eres mi mujer ante Dios y ante los hombres? Ven, tengo frío, caliéntame la
cama. Pero quítate el vestido, lo vas a arrugar.
Lo que siguió ya sé que es mi historia, mi vida, pero apenas lo puedo recordar como un sueño repugnante, no sé siquiera si muy corto o muy largo. Hubo una sola idea que me sostuvo durante los primeros tiempos: “Esto no puede continuar, no puede continuar.” Creí que Dios no podría permitir aquello, que lo impediría de alguna manera. Él personalmente. Antes tan temida, ahora la muerte me parecía la única salvación. No la de Apolonio, no, él era un demonio de la muerte, sino la mía, la justa y necesaria muerte para mi carne corrompida. Pero nada sucedió. Todo continuó suspendido en el tiempo, sin futuro posible. Entonces una mañana, sin equipaje, me marché.
Resultó inútil. Tres días después me avisaron que mi marido se estaba muriendo y me llamaba. Fui a ver al confesor y le conté mi historia.
- Lo que lo hace vivir es la lujuria, el más horrible pecado. Eso no es la vida, padre, es la
muerte, ¡déjelo morir!
- Moriría en la desesperación. No puede ser.
- ¿Y yo?
- Comprendo, pero si no vas será un asesinato. Procura no dar ocasión, encomiéndate a la
Virgen, y piensa que tus deberes…
Regresé. Y el pecado lo volvió a sacar de la tumba.
Luchando, luchando sin tregua, pude vencer al cabo de los años, vencer mi odio, y al final, muy al final, también vencí a la bestia. Apolonio murió tranquilo, dulce, él mismo.
Pero yo no pude volver a ser la que fui. Ahora la vileza y la malicia brillan en los ojos de los hombres que me miran y yo me siento ocasión de pecado para todos, pero que la más abyecta de las prostitutas. Sola, pecadora, consumida totalmente por la llama implacable que nos envuelve a todos los que, como hormigas, habitamos este verano cruel que no termina nunca.


martes, 6 de marzo de 2012

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

JUEVES 8, DE MARZO, 21:00 HRS
GRAN HOTEL CIUDAD DE MÉXICO

El árbol en la niebla
Poética del recuerdo



Obra creada a partir de las historias de vida de sus protagonistas. Su nombre remite a los recuerdos que se nos imponen en medio de tantas historias que nos atraviesan; presenta el grupo



Yolilistlahtolli
Palabras de Vida
Cuenteras del Faro de Tláhuac





Socorro Maldonado Pérez
Ignacia Coraza Bedolla
Estela Coraza Bedolla
Rocío González Solís
María Rosa Velázquez
Eusebio Bernal Rodríguez
Francisco Atayde
Obdulia Rodríguez Manríquez
Ricardo Castillo Cervantes
María Luisa Rivera Grijalva
María Aurora Nazario Rodríguez



Produce: Memoria Migrante Proyecto de historia oral, arte y encuentro ambulante, NADIR "Grupo de trabajo para la descolonización de las representaciones” y FARO Tláhuac.
*
El Grupo Yolilistlahtolli, palabras de vida está conformado por once mujeres. Ellas, desde el 2010 se reúnen en el Libro Club del FARO Tláhuac, con la motivación de promover la lectura a través de la narración oral. Durante el 2011 participaron en los talleres Historia de vida de las mujeres de Tláhuac y Memoria del cuerpo que escribe a cargo de Melina Alzogaray y Florencia Bergallo, reconstruyendo sus biografías a partir de sus testimonios orales, proyecto cuyo fruto fue la producción de este espectáculo.

***
Todos los jueves: polifonía de historias
Consumo mínimo una bebida.
Horarios: 21:00 hrs. hasta completar aforo; ingreso desde las 20:30 hrs.
Ubicación: Piano Bar del Gran Hotel Ciudad de México
(Calle de 16 de Septiembre No. 82, planta baja. Esq. Plazade la Constitución.
Centro Histórico, Ciudad de México. Metro: Zócalo).

sábado, 3 de marzo de 2012


PRÓXIMA FUNCIÓN DE GALA
Retablos Mexicanos


por David Contreras
Martes 6 de marzo, 21 horas
GRAN HOTEL DE LA CIUDAD DE MÉXICO
Calle de 16 de Septiembre No. 82, planta baja.
Esq. Plaza de la Constitución. Centro Histórico, Ciudad de México.
Metro: Zócalo Cóver de consumo: 120 pesos (snack y bebida)

"Doy gracias a San Ramon Nonato por averme ayudado a mi necesidá..." reza un trozo de metal pintado de manera inocente al interior de un templo, una escena pintada con dulce ingenuidad, unas líneas que relatan una historia -que no requiere ortografía precisa- tal vez desbordada de fantasía, pero de indudable valor narrativo, cuyo desenlace favorece al solicitante. David uentaleyendas lleva estas historias al escenario -la historia detrás del retablo.





POLIFONIA DE HISTORIAS



EL JUEVES PRIMERO DE MARZO, en el espacio permanente de Cuenteros y Cuentistas, AC se presentó el libro de la gran amiga entrañable, Cecilia Colón, La bailarina del Astoria y otras leyendas...

En la charla salió a relucir la pasión, el gusto que tiene Cecilia por la ciudad de México. Charlamos de la antigua traza de la otrora ciudad española (Eje Central, Av. Izazaga, y las calles Jesús María y Perú del lado oriente y norte, respectivamente) y de cómo en el siglo XVIII el cosmógrafo del virrey y amigo de Sor Juana Inés de la Cruz, don Carlos de Sigüenza y Góngora salvó del fuego fojas y legajos del antiguo archivo del entonces Ayuntamiento de la Capital de la Nueva España. Y cómo en tiempos de la Revolución Mexicana, el historiador del último tercio del S. XIX, don Luis González Obregón puso en riesgo su vida para salvar los documentos de la trifulca y los "trifulcadores".

También hablamos que con las leyes de Reforma de Benito Juárez como iglesias del centro Histórico como La Enseñanza (calle de Donceles, entre Brasil y Argentina) y la de Regina Coelli (Regina y Bolívar) que no fueron cuartel, mercado, vecindad... Y se mantienen hasta la actualidad intactos sus retablos. La primer a, por cierto, se caracteriza por la gran cantidad de reliquias de santos y mártines que tiene. Visítelas. Después de todo e independientemente de la libertad de credos, son parte de nuestro patrimonio y arte sacro.

Cecy Colón recordó a un gran cronista de la ciudad de México y literato, don Federico Gamboa, autor de Santa... "Se publicó en 1903 y estaba prohibida su lectura para mujeres. Si la Santa Inquisición existiera a principios del S. XX seguro la drecretaba como una obra prohibida, como lo hizo con La dama de las camelias..."

Lo cierto es que Cecilia Colón se ha dedicado a urgar las crónicas y las leyendas que se cuentan en la capital del país y publicó este libro... Pero no crea el lector que sólo son leyendas viejitas, también hay algunas muy contemporáneas. Le queremos compartir un par de éstas y busque el libro y déjese seducir por las historias de entes que se las ingeniaron para cumplir su última voluntad o dejar de penar... escríbale a Cecy y compre su libro... cecicolon@prodigy.net.mx



EL INOCENTE

A Víctor García

El tío Federico era carcelero en Lecumberri, allá por los años cuarenta, cuando el Palacio Negro ponía la carne de gallina con sólo nombrarlo, cuando sus torres se levantaban anchas y majestuosas, cortando lo plano del horizonte como centinelas aguardando un ataque. Era un lugar que imponía, que daba temor; aunque ahora sea el Archivo General de la Nación, todavía da no sé qué pasar por allí. Me recuerda las historias de los presos que platicaba el tío Federico. Decía que no todos eran malos, que muchos estaban allí purgando condenas injustas… Bueno, eso era lo que alegaban ellos; muy pocos reconocían sus crímenes y culpas, pero no han de haber sido tan blancas palomas, puesto que estaban allí.
Uno de estos "inocentes" era Ramón López, un preso que purgaba cinco años de condena por robo. Claro que él lo negaba, pero el caso es que estaba "guardado". El tío Federico lo describía como un hombre tranquilo, no se metía en broncas con nadie. Se acordaba muy bien de él, decía que era alto, robusto, de pelo negro y chino, hasta pasaba por guapo. Recordaba que Ramón López era agradable, contaba muchas anécdotas de sus correrías por el barrio de Santa Julia, la Roma, la Condesa, la Guerrero; había vivido en muchas colonias y en ese tiempo las rentas eran bien baratas y luego luego encontrabas casa. Casi podías escoger la calle en que querías vivir, no como ahora. Era otro México.
Más de una vez, el tío Federico trató de sacarle a Ramón la verdad de su delito, pero jamás lo consiguió. Sin embargo, cuando dejó la cárcel se despidieron bien: "Algún día nos hemos de volver a encontrar, don Fede -le dijo con una sonrisa de satisfacción-. Yo no soy ingrato, no olvido a los amigos y usted es uno de ellos". Agarró su maleta bien contento y se fue después de darle un apretado abrazo al tío, quien lo vio alejarse sin volver la cabeza, impaciente por recorrer las calles, por respirar el aire que estaba afuera de la cárcel y que olía muy distinto a la humedad y al fierro mohoso de Lecumberri.
Pasaron cinco años y el tío Federico seguía de carcelero. Una tarde, iba caminando por la calle de Madero, en el Centro, cuando se encontró de frente con Ramón López. Si no hubiera sido porque él mismo lo saludó, mi tío nunca lo hubiera reconocido. Andaba de traje, con zapatos de charol, sombrero, hasta parecía otro. Con su sonrisa de siempre se le acercó y, tal como le había dicho cuando se despidieron, no se olvidaba de los amigos. Lo invitó a tomarse una copa en la cantina La Ópera, la que está en Cinco de Mayo. A mi tío le dio tanto gusto verlo que aceptó sin remilgos.
Al calor de los tragos, salieron los recuerdos, los comentarios, las confesiones y… mirando a mi tío directamente a los ojos, Ramón le dijo que sí había robado mucho dinero, que había "visitado" varias casas ricas de la Condesa, por eso conocía tan bien esos rumbos. Desgraciadamente, un soplón lo echó de cabeza en el último robo, pero se dio cuenta a tiempo y logró esconder todo en un sitio que nomás él conocía. La policía nunca encontró nada por más que buscó y volteó su casa de cabeza. El problema fue que unos ricachones alcanzaron a reconocerlo y por eso llegó a Lecumberri.
Ya te imaginarás la cara que puso mi tío cuando Ramón terminó diciéndole que ahora vivía de "sus rentas"; hasta la borrachera se le bajó. Le aconsejó que no fuera tan ostentoso, ni que anduviera presumiendo su bonanza, ¿qué tal si alguien los había escuchado? Ramón soltó una carcajada que llenó toda La Ópera. "Todos los que están aquí no pueden hacerme nada. ¿Y sabe por qué, don Fede? ¿Sabe por qué? -insistía-. Porque ahora tengo dinero y soy poderoso, y porque no pueden juzgarme dos veces por el mismo delito". Recordaba mi tío que cuando le dijo esas palabras, la mirada del hombre le dio miedo, sintió un escalofrío muy raro, como si estuviera con el mismo demonio. Así que prefirió cortarle por lo sano y se despidió de él. En la puerta de la cantina volvieron a darse un abrazo y cada uno jaló para su rumbo.
Habían pasado unos días y mi tío todavía seguía dándole vueltas al asunto. Se le enchinaba la piel nomás de acordarse de todo lo que le dijo Ramón, y de sus miradas…
La tarde de ese viernes, Óscar, otro de los carceleros, regresó de sus vacaciones y le preguntó si ya sabía la noticia. "No, ¿qué pasó?", le preguntó mi tío. Óscar le extendió un ejemplar de La Prensa de dos semanas atrás, que traía la crónica de la muerte de un hombre rico a manos de un ratero. El tío se quedó paralizado al ver que el muerto era nada menos que Ramón López. "¡No puede ser! ¡No puede ser!", repetía una y otra vez sin soltar el periódico y sin poder salir de su asombro. El amigo tuvo que zarandearlo para sacarlo de esa turbación y cuando lo logró, mi tío le dijo que apenas hacía una semana se había ido a beber con Ramón a La Ópera.
El pobrecito nunca se explicó qué sucedió. Él ya no vive, pero hasta el final de sus días, en cada aniversario de la muerte de Ramón, le mandaba decir su misa y le prendía una veladora. El tío aseguraba que cuando se acercaba la fecha, por las noches, en Lecumberri, oía unos pasos y juraba que eran de Ramón. Decía que hasta veía su silueta, muy elegante, de traje nuevo y con sombrero, tal como lo viera la última vez.

CECILIA COLÓN Es Licenciada en Literatura Latinoamericana, por la Universidad Iberoamericana; tiene la especialidad en Literatura Mexicana del Siglo XX por la UAM-Azcapotzalco, es Maestra en Letras Mexicanas por la UNAM y es doctoranda en Historiografía en la UAM-Azcapotzalco.Tiene 5 libros publicados: Citlali y otros relatos, UAM-Azcapotzalco (2000), La bailarina del Astoria y otras leyendas, Plaza y Valdés (2002), en el año 2005 éste ganó el concurso de Bibliotecas de Aulas convocado por la SEP; Desayunos literarios(entrevistas) UAM-Azcapotzalco (2009) y Caminando por esas calles de Luis González Obregón, UAM-Azcapotzalco (2009) y Cala-Véritas (2010). Le interesan la historia y las leyendas de las calles de esta ciudad que recorre incansable, sobre todo, cuando algún aparecido llega hasta su estudio y le pide la caridad de escuchar su desgracia para obtener el descanso de su alma acongojada.